LOS HAMBRIENTOS

DEL SUR

NO SE DEJARAN MORIR

CRUZADOS DE BRAZOS

 

 

 

LA PROBLEMATICA DE LA MIGRACION

VISTA DESDE EL SUR

 

 

 

 

 

 

 

ISABEL RAUBER

 

 

 

 

 

 

 

Isabel Rauber nació en 1953 en Argentina en el seno de una familia de origen en parte alemana. Comenzó su carrera política a finales de los años sesenta en el movimiento de los estudiantes, siendo miembro de una organización revolucionaria hasta que llegó al exilio forzada por la dictadura militar. Desde 1974 vive en Cuba y se dedica a la investigación científica, trabaja como periodista y profesora (Filosofía, Ciencias políticas). Con su trabajo polifacético del pasado y el presente por los movimientos de los pueblos de América Latina su nombre ha tomado fama en el hemisferio sur, especialmente con publicaciones y discursos en Forums internacionales; entre otros podemos citar Managua (1987), Buenos Aires (1988), Lima (1990), La Habana (1988, 1990), Lucerna (1992) y Estocolmo (1995).

Inivitado por el comité del 1 de Mayo de Zürich, Isabel Rauber fue oradora oficial en la manifesta-ción final en esta fecha en 1996 en Zürich y participó en el congreso con el tema "Política de Migración" en cuya discusión final presentó la contribución siguiente.

LOS HAMBRIENTOS DEL SUR NO SE

DEJARAN MORIR CRUZADOS DE BRAZOS

Los países del Sur, históricamente, hemos alimentado y mantenido a los fantasmas y demonios que de un modo u otro nos im-puso el Norte luego de creárnoslos: Al inicio, según esa lógica, nos amenazaba la falta de civilización y nos las trajeron a sangre y fuego; luego nos faltó la fe, y nos la trajeron, también a sangre y fuego. Cuando estaban instalados en nuestras tierras, entendieron que nos sobraban riquezas y - otra vez a sangre y fuego -, saquearon, masacraron y exterminaron a pueblos enteros para llevár-selas a casa, a este Norte que - luego de sa-quearnos y explotarnos - hoy nos rechaza y vira la espalda sin sonrojos. Cuando Europa tuvo hambre (debido a las guerras o al des-medido crecimiento demográfico), las tierras del Sur con sus habitantes, fueron el parai-so, el edén hacia donde mandaron (hace un siglo) mas de 80 millones de seres huma-nos. España, por ejemplo, desencadenó la emigración de su gente cuando no tuvo ca-pacidad para alimentarla. Contrastando con esto, en el Norte hay sólo 20 millones de emigrantes del Sur. Pero esto no se quiere recordar. Y hoy sólo se habla de la emigra-ción del Sur hacia el Norte.

Países consumidos

Cuando se habla de Norte–Sur, más que de una ubicación geográfica, se habla de una relación de desigualdad entre países ricos y países pobres, de condiciones diferentes de vida, de educación, de preparación, de tec-nología, de posibilidades de intercambio con el resto del mundo, etc. Por tanto, hablar hoy de la relación Norte–Sur en un tema específico como lo es el de las migraciones supone, inevitablemente, tocar la cuestión de los recursos económicos y el actual pro-ceso de globalización impuesto y regente-ado por el Norte.

Acabada la guerra fría, se extingió rápida-mente la poca atención que los países pode-rosos habían puesto en el Sur. Este nuevo reparto del mundo, diseñado sin el concurso de las dos terceras partes, es decir, sin la participación de los países del Sur, pretende presentar hoy a la globalización del mercado neoliberal como la panacea del progreso mundial, la democracia y los derechos hu-manos. Sin embargo, en nombre de esa de-mocracia y ese pluralismo, paradójica y ex-clusivamente, se acepta un sólo modelo de-mocrático: el que se entrega por entero a los designios del mercado global, es decir al de las exigencias y los designios de las econo-mías del Norte. Esto significa: que la división Norte–Sur, es la división entre países pro-ductores y países consumidores, con la ne-cesaria aclaración de que los consumidores del Sur, son y serán cada vez menos por lo que, en un futuro no muy lejano, más que países consumidores del mercado global, serán países consumidos por él.

No se trata de una relación entre países des-arrollados y subdesarrollados ubicados en un estadío previo al desarrollo, sino de un sub-desarrollo que es condición permanente, en profundización hacia la miseria social y la destrucción de las sociedades del Sur.

El mismo esquema de marginalización social que acarrea la implantación del sistema neo-liberal según el esquema del Norte, al interior de cada país en su desarrollo, tiende a repro-ducirse y volverse sobre los propios países del Sur y, consiguientemente, sobre el Norte, a través de las migraciones externas.

El reordenamiento mundial a favor de los po-derosos y las exigencias de su desarrollo y equilibrio social deja sin alternativas al Sur.

La continuación de la carrera armamentista después de la guerra fría demuestra que el armamentismo no tenía su causa fundamen-tal en el conflicto Este–Oeste sino en el afán hegemónico de las grandes potencias.

Hoy vemos como correlato político-militar de la globalización, cómo surgen nuevos con-ceptos y formas de ejercer la violencia, siempre contra el Sur, haciéndose habitua-les los términos de "conflicto de baja intensi-dad", "democracia de baja intensidad", "in-tervenciones humanitarias" y otros.

En el fondo está la lógica irracional y per-versa del mercado omnipotente que acude a las armas para asegurar su "perfección". El mundo está invertido a causa del egoísmo; es una práctica criminal y fría que tiene su corolario en el ejercicio institucional de la violencia.

En este orden de cosas se derrochan miles de millones de dólares en armas para satisfacer ese egoísmo. Cualquier persona sensata com-prende la irracionalidad de gastar cerca de 400 mil millones de dólares por año en armas, en el mundo en el que con mucho menos se podría fomentar el desarrollo, cuidar la natura-leza, acabar con el hambre, proteger la biodi-versidad y la sociodiversidad, en fin, hacer entre todos, un mundo mas humano.

Así las cosas, hoy sólo existe un mundo: el mundo del Norte. Todo lo demás resulta pre-scindible, excedente, sobrante.

Buscando sobrevivencia dondequiera que exista esa posibilidad

Abandonados a su suerte, asfixiados por una deuda externa que hace mucho tiempo se sabe impagable e incobrable, hambreados por las imposiciones del régimen neoliberal del mercado impuesto según las exigencias de las economias del Norte, agotados por la espera de un diálogo que no se produce, los pueblos del Sur - carentes de alternativa - vuelven su mirada y sus pasos hacia el Norte, en un movimiento que - por muy grande que parezca ahora - todavía es incipiente.

En las actuales relaciones internacionales y reparto económico del mundo, ante la falta de alternativas, los millones de hambrientos del Sur que hay sobre la tierra, no se deja-rán morir cruzados de brazos. Se dirigirán inexorablemente sobre el Norte, porque la emigración masiva es la única posibilidad de los pobres para hacerse oir por los ricos. No es sorprendente que este mundo desarrolla-do y rico esté nervioso cada vez que una ac-ción tiene como fin compartir, sostener y or-ganizar las reivindicaciones de los infortuna-dos de la tierra.

Si el Norte continúa haciendo oídos sordos a los reclamos del Sur, no resultarán muy des-acertados aquellos que anunciaron la cer-canía de una larga marcha del Sur sobre el Norte, cuyo inicio, aseguran, imperceptible-mente ya ha comenzado.

Si se tiene en cuenta que el crecimiento de-mográfico mayor ocurrirá precisamente en las zonas carentes de perspectivas de des-arrollo en los próximos años, es posible ade-lantar el grave problema que se avecina tanto para los países del Sur como del Nor-te. Durante los 90 la población aumentará casi en 100 millones de personas por año. Para el año 2025 (en menos de 30 años), la población del planeta casi se habrá dupli-cado alcanzando a 8500 millones de perso-nas. La mayor parte del crecimiento tendrá lugar en los países del Sur, cuya población aumentará a mas de 7 mil millones de per-sonas en contraste con la población del Nor-te que permanecerá prácticamente estable.

Si se tiene en cuenta que para dar empleo a la creciente fuerza de trabajo habría que crear 36 millones de puestos de trabajo por año, en vistas de las políticas económicas actuales, es posible adelantar que ello no parece ser muy probable por lo que una enorme masa de seres humanos procedente del Sur buscará alguna solución mediante la emigración hacia el Norte.

Recuerdo esto con el ánimo de llamar, una vez más, la atención de los países ricos que no están verdaderamente convencidos del pe-ligro de los actuales conflictos que tienen lugar en los países pobres. Y cuando hablo de peli-gro, lo hago desde la perspectiva del Sur: es decir, hablo de peligro para la vida con la con-siguiente necesidad vital de buscar sobrevi-vencia dondequiera que exista esa posibili-dad por remota o pequeña que esta sea. Por-que los emigrados del Sur, aunque vienen buscando mejores condiciones de vida, en números cada vez más crecientes vienen buscando simplemente, VIDA.

Frente a esta realidad existen lecturas dife-rentes:

Una vez más es necesario reiterar: La falta de alternativas frente al mundo de hoy es la base de las olas migratorias hacia el Norte, la cual, que pese a todas las advertencias y medidas represivas, tenderá a aumentar en tanto las cosas sigan por el camino que van.

La única manera de normalizar los flujos mi-gratorios es que en los países del Sur se creen las condiciones para vivir en ellos. A ello pueden contribuir enormemente los paí-ses del Norte.

Un elemental diálogo supondría saber si los países desarrollados comparten la misma opinión de los países pobres en cuanto a su responsabilidad en la creación y posterior sostén de situaciones socioeconómicas in-justas en el Sur.

Consecuencia de la globalización

La emigración Sur–Norte es la otra cara de la globalización económica, social y política, del modelo neoliberal impuesto por el Norte:

Existen distintos grupos de emigración: De conquista: del Norte hacia el Sur para enri-quecerse (familias, transnacionales); volun-taria: condicionada por la situación política, económica; y las impuestas por la guerra, y dentro de todas ellas la diferenciación entre el emigrado legal y el ilegal, pero ello no es más que un resumen de las políticas que existen entre los países ricos y pobres.

Hoy existe una marcada tendencia a separar absolutamente lo económico de lo político y lo mismo ocurre en el terreno migratorio. La se-paración tajante entre emigración política y económica trata de mantener cierta cuota para refugiados políticos y emprender medidas drá-sticas para reducir - ya que no pueden impedir - la emigración económica. Pero resulta que la emigración económica es sólo la otra cara de la política internacional imperante, es la con-secuencia de la globalización del sistema neo-liberal que extiende los mercados del Norte sobre el Sur y acaba de golpe con las econo-mías nacionales, con los sistemas productivos hasta ahora vigentes, provocando la obsoles-cencia de tales sistemas socioeconómicos y el consiguiente desempleo masivo y en espiral de crecimiento ascendente. Por ello, por muy repetido que resulte, es necesario insistir en que una de las vías de solución a este cada vez mas creciente e incontrolable fenómeno, está en atacar el origen del problema, las cau-sas que empujan a los pueblos a emigrar en vez de tratar de atenuar las políticas restricti-vas de las migraciones.

Atacar las causas, puede querer decir muchas cosas, por ejemplo, puede servir de argumento de quienes sostienen la tesis de que en vez de gastar anualmente entre 6000 y 7000 millones de dólares para administrar solicitudes de asilo y albergar a los solicitantes, sería mejor destinar esa suma a la ayuda al desarrollo en las zonas de procedencia de esos refugiados. Esto puede parecer quizá muy lógico, pero en realidad tendría pocos resultados:

  1.  
  2. porque resultan cifras irrisorias frente a las necesidades del Sur;
  3.  
  4. porque las ayudas al desarrollo no son una alternativa frente a la emigración debido al menguado monto que estas representan en relación, por ejemplo al monto de las remesas de los emigrantes;
  5.  
  6. porque los destinatarios de la ayuda ge-neralmente no coinciden con los candida-tos de la emigración;
  7.  
  8. porque la ayuda y cooperación al des-arrollo no pase de ser pura retórica o un calmante para algunas conciencias, si no se combina con una transformación radi-cal de la actual política económica inter-nacional de modo tal que ésta permita a cada país o región adoptar políticas económicas favorables a sus necesida-des, fundamentalmente, en el terreno co-mercial y financiero.

¿Dialogo Norte-Sur

o una nueva cortina de hierro?

Pese a que existen como nunca antes, con-diciones para el diálogo, la negociación y la cooperación internacional, el Norte podero-so y hegemónico a nivel planetario levanta presto una nueva cortina de hierro: la que se erige a lo largo de todas sus fronteras en el Mediterráneo y el mar Caribe para detener a los emigrantes ilegales, a los indocumenta-dos, quienes pese a todas las barreras, obli-gados a la ideología del "sálvese quien pue-da", y urgidos por sus necesidades tienden a pensar: "Si uno lo logró, ¿por qué no pue-do lograrlo yo también?"

Dependiendo de las zonas donde se consti-tuya y de los equilibrios de fuerza dominan-tes existen ya y existíran más claramente dentro de poco, diferentes tipos de cortinas de hierro. Ellas se asientan en los siguientes aspectos:

La estrategia del Norte puede resumirse en la necesidad de que los países del Sur adopten los programas severos de reforma económica dictados por el FMI y el Banco Mundial, acompañados del liberalismo polí-tico característico de occidente. Pero la po-stura principal del Norte es de imposición, no de diálogo ni de respeto a las caracte-rísticas y necesidades de cada país: no to-man en cuenta que algunos países no tienen ni un mínimo de infraestructura, ni los mar-cos legales, ni el personal capacitado para participar o tan siquiera aprovechar el actual ambiente económico internacional. Pese a los planes de revitalización económica im-plementados en Africa, en 10 años se han deteriorado las infraestructuras en diversos países, crece la deuda externa a un ritmo vertiginoso (de 50 mil millones en 1980 a 257 en 1999). Además, el número de Esta-dos calificados como "de desarrollo mínimo" ha pasado de 21 a 28 en el mismo período. Todo esto permite coincidir con los que afir-man "que muchos regímenes africanos cho-carán con distintos obstáculos políticos, eco-nómicos y sociales que la misma infra-estructura local impone y por los cuales no se realizarán las condiciones occidentales, sumamente lejanas a la realidad económica y social de Africa."

Todo esto hace prever el recrudecimiento de las tensiones entre el Norte y el Sur, en vez de la - para algunos - esperada "nueva era de relaciones" basadas en el diálogo y la cooperación entre el Norte rico y el Sur pobre. Los nuevos espacios internacionales combinados con las realidades geopolíticas tienden a levantar la nueva cortina de hierro del Norte frente al Sur marginado y excluido, que será cada vez más fuerte con el avance de la ciencia y la tecnología. Sin embargo, hay que preguntarse acerca de cuál será la reacción de los países del Sur.

Las posiciones del Sur

Hasta ahora, desde los países del Sur no se ha elaborado una clara política restrictiva de las migraciones, pese a los acuerdos toma-dos en reiteradas oportunidades. Esto obe-dece a varias razones: A causas económi-cas, fundamentalmente, porque el giro de remesas desde el exterior significa en algu-nos casos una parte importante del Producto Bruto Interno (PBI). Por ejemplo, las reme-sas enviadas a República Dominicana en 1984 por más del medio millón de dominica-nos radicados entonces en EEUU, ascendie-ron a 205 millones de dólares, casi la cuarta parte de la moneda extranjera del país. En 1987 ascendieron a 280 millones de dólares lo que representaba el 10% del producto nacional neto de ese año. En El Salvador, Napóleon Duarte escribió a Reagan en una carta el 10 de abril de 1987: "Mi gobierno estima que el valor total de las remesas se encuentra entre 350 y 600 millones de dóla-res anuales, suma que supera el monto de la asistencia que brinda el gobierno de los EEUU a El Salvador..."

En medios propios del movimiento popular, de la izquierda, todavía no se ha debatido profundamente sobre este problema. Más bien se tiende a entender que las migracio-nes representan un problema para el país por la "fuga de cerebros". De lo que se des-prende, generalmente, un llamado a la con-ciencia de los intelectuales y profesionales para que se queden el país pese a las esca-sas o nulas condiciones para su desarrollo. Esto en el fondo ocurre por suponer que el fenomeno migratorio es una decisión indivi-dual mas que un fenomeno social al que, hay que encontrarle una salida como parte de la realidad social a la que pertenece y que se de-cide transformar. Por otra parte, la izquierda mayormente, tendio a simplificar el fenomeno migratorio por entenderlo como un proceso de aculturación de los migrantes, por lo cual no trabajo con las grandes comunidades de emi-grados en los países del Norte, salvo hasta hace poco tiempo lo que comienza a verse en algunos casos.

Otras situaciones presentes en el Sur que propician la emigración masiva y que esca-pan a las posibilidades de control de los paí-ses pobres están dadas por las imposicio-nes de guerras de baja intensidad (caso centroamericano), que involucran directa-mente a la población en conflictos armados; por la incapacidad para generar empleos su-ficientes; y por el crecimiento demográfico.

Necesidades

  • a. Diálogo y coordinación Sur-Sur: frente a un Norte que abandona al Sur a su su-erte, la única opción de Sur está en bus-car la cooperación entre todas las nacio-nes del Sur. Después habría que empujar el diálogo y negociación con el Norte.

    b. Construir una voluntad internacional de diálogo y comunicación entre el mundo rico y el mundo pobre.

    c. Poner fin al actual orden económico in-ternacional y reemplazarlo por otro, más justo, más acorde con las realidades di-versas del Sur para que, respetando la necesidad de interactuar con el mercado global, queden espacios para que cada país ingrese a él gradualmente, según sus posibilidades económicas, tecnológi-cas, humanas y culturales.

    Que se acepte la necesidad del Sur de te-ner un trato diferenciado por país, econó-micamente desigual en el sentido que acepte (que tome en cuenta) los desnive-les económicos existentes y permita re-vertir el deterioro de los términos de inter-cambio entre el Norte y el Sur, y las defor-maciones producto de siglos de colonial-ismo o dependencia respecto del Norte. La desigualdad económica es realmente un obstáculo en la medida que no en-cuentra un camino hacia la reciprocidad y la solidaridad basada en el estableci-miento de un Nuevo Orden Económico In-ternacional que reconozca los intereses, necesidades y posibilidades de todos los pueblos del planeta. Esto significa:

    1.  
    2. La condonación de la deuda externa.
    3.  
    4. El levantamiento de las restricciones proteccionistas de los mercados del Norte para las producciones en las que las economías del Sur son competentes (en fin de cuentas esto no sería más que aplicar "en casa", la misma política que se aplica hacia el Sur).
    5.  
    6. Dedicar un 20% de los gastos militares de los países industrializados, al des-arrollo sostenible de los países del Sur con prioridad en la producción de ali-mentos, enseñanza primaria y atención médica básica. El fondo que se forme con estos aportes podría ser admini-strado por un Consejo para el Desarrol-lo del Sur, integrado por los países he-misféricos con estos recursos y regido por normativas aprobadas por la Asam-blea General de Naciones Unidas.
  • d. Integrar, complementar las políticas de ayuda al desarrollo y las de la emigra-ción. De hecho, una forma de coopera-ción con el Sur sería la aceptación de de-terminados contingentes de inmigrantes, lo cual supondría flexibilizar - en vez de endurecer - las actuales políticas de ad-misión.

    e. Que las políticas de ayuda y coopera-ción sean concebidas con la participa-ción de los ayudados, porque ha pasado ya que esta vía se ha empleado más de una vez para dar salida a productos so-brantes u obsoletos del Norte, por ejem-plo, poner bocas para agua de bomberos en Haití, donde no hay siquiera agua. La participación de los locales evita esto y por otro lado permite incorporar ayudas paso a paso en la medida que es posible de asimilar, evitando caer en la depen-dencia del Norte y en aceptar el injeren-cismo del país proveedor bajo la excusa de la necesidad de controlar el financia-miento dado, evitar el despilfarro, etc.

    f. Re-anudar el internacionalismo: la soli-daridad internacional de los explota-dos y oprimidos. En un capitalismo neo-liberal que genera cada vez mas desem-pleados, y que opone obreros con obreros en loca carrera por su sobrevivencia, se hace más necesario trabajar para tender puentes de solidaridad internacional, de en-cuentro entre los pueblos del Norte y el Sur.

  • El Norte tendrá que aceptar la necesidad que existe de que los ricos sean menos ricos y los pobres menos pobres.

    Isabel Rauber, Abril 1996

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